Emprender cualquier negocio -incluyendo una huerta comercial- y llevarlo a buen puerto, exige grandes dosis de esfuerzo, sacrificio, determinación, perseverancia y paciencia. Aunque vivimos en la sociedad del todo al instante, el éxito es rara vez instantáneo. Y es que crear algo que ayude a la gente, y que al hacerlo sea a su vez un negocio rentable, es tarea nada sencilla, nada que suceda de la noche a la mañana. Hablamos más bien de una carrera de fondo. Así que quítate las zapatillas de sprint y ponte las de maratón.

La huerta es tu negocio, actúa como tal

Opinaba Curtis Stone (que ha visitado centenares de explotaciones en Norteamérica) que para él el primer factor de fracaso de una huerta comercial o market garden es que sus dirigentes llevan a cabo la explotación sin tener en cuenta que lo que llevan adelante es en realidad una empresa, que es preciso hacer números, tener bien controlados los gastos y los ingresos. Hay que pensar como piensa el empresario sobre su empresa. Y hacerlo de forma rigurosa.

Pero sucede que en este mundo de la agricultura ecológica, nos dejamos llevar muchas veces por las pasiones y evitamos hacer demasiados números, pensar en términos empresariales. Es como si un cierto idealismo chocara contra la reflexión financiera. ¿Por qué? Quizá porque creemos que hay algo perverso en ganar dinero, y cuanto más dinero se gane, más perverso ha de ser el negocio… ¿no es un tanto infantil este razonamiento? Por supuesto que ganar dinero no es malo en sí. En todo caso lo malo es ganarlo explotando a la gente y destruyendo el entorno. Pero, ¿qué hay de malo en ganar un buen sueldo cultivando alimentos sanos para tu comunidad local, y hacerlo de forma sostenible? Tener una huerta orgánica muy rentable puede no solamente ser un buen objetivo, sino un buen ejemplo de que ser sostenible también implica el serlo económicamente.

Registra lo que haces

También comentaba Curtis Stone en su libro The Urban Farmer que la herramienta más importante para su huerta comercial es la hoja de cálculo. Gracias a que recoge constantemente información sobre sus cultivos (fechas de siembra, días para madurar, rendimiento por metro lineal, rentabilidad por cultivo/superficie, etc.), puede tomar decisiones acertadas para ir eliminando aquellas prácticas o cultivos que, aunque uno cree que funcionan, en realidad los números están diciendo otra cosa, y por el contrario potenciar los que mejor funcionan. (La distinción entre unos y otros no siempre es obvia).

En mi cuaderno de campo, donde voy recogiendo mucha información sobre los cultivos que llevo a cabo, registro: fecha de siembra, fecha de 1ª cosecha, días de maduración, observaciones diversas. Registro las diferencias entre una variedad u otra y cual es la más apropiada para cada estación. También diferencias entre una técnica de siembra u otra, o entre distintos rodillos de la sembradora manual Jang seeder. Todas estas cosas son valiosísima información que será oro de cara a próximas siembras y de cara a la campaña siguiente. Un cuaderno de campo siempre es herramienta de altísimo valor para futuras temporadas.

Además, llevo varios registros de ventas. Esto es un sistema muy personal mío, pero llevo las cuentas tanto en cuaderno de papel como en Excel. Así tengo dos registros que me ayudan a aclarar datos cuando surgen dudas. Las hojas de Excel de cada cliente son también una fuente muy abundante y útil de información. Arrojan datos que, si te tomas el tiempo de analizar, te van a orientar hacia dónde debes dirigir tus pasos, hacia qué cultivos, de cara a ser más eficiente con el uso de la tierra y cómo obtener mejores ingresos. En el cuaderno cuadriculado de papel anoto las ventas diarias en 4 columnas: fecha, cliente, producto, TOTAL €. Los sábados por la mañana paso esa información de la semana a la hoja de Excel de cada cliente. El trabajo de oficina en mi caso a día de hoy se restringe a un par de horas como mucho los sábados por la mañana.

Trabajar más inteligentemente, no más duro

En verdad la intención de este post era hablar de esto: no quemarse. Pero reflexionando sobre el tema, me doy cuenta de que para no agotarse uno física y mentalmente cultivando para la venta, es fundamental primero tener claridad empresarial. Esto es, hay que ponerse manos a la obra también en los aspectos más puramente numéricos. Que no necesariamente deben llevar mucho tiempo, pero sí debe ser un ejercicio de cierta disciplina semanal que nos sirva para mejorar cada día. Insisto en que esto es obvio para cualquier negocio, pero repito que es fácil ver que mucha gente desatiende esto por entender que la huerta es otra cosa. Y no, no es otra cosa.

El orden del entorno físico de la huerta es fundamental. Ya escribí sobre esto en este artículo. El desorden estresa y esto se debe a que cuando no hay buena organización en el taller, en la oficina, en el huerto, uno está constantemente luchando con ese desorden. No se encuentran semillas, o aquella herramienta, ha desaparecido esta otra, no es fácil dar con las cuerdas que ahora necesito, ¡dónde dejé las gomas!, etc. Esto va minando la tranquilidad de forma silenciosa pero grave. En cambio, cuando no existen fricciones en este sentido, es una lucha menos. No hay nada más desestresante que comprobar que estamos trabajando eficientemente. Y sin orden, no hay eficiencia.

Nuestro trabajo es exigente desde un punto de vista mental, puesto que debemos sacar adelante nuestro negocio, pensar mucho sobre él. Pero también es exigente desde el punto de vista físico. Siempre estamos en marcha. Por eso, si uno no toma ciertas precauciones, puede acabar agotándose o quemándose. ¿Cómo evitarlo?

Hábitos para no quemarte

  1. Ten un horario. Es difícil tener un horario cuando se está comenzando cualquier negocio, eso es así. El primer año, o los primeros dos años de arrancar una huerta comercial, pueden requerir tu presencia de lunes a domingo prácticamente, y muchas muchas horas al día. Y con pocas o ninguna vacación durante el año. Es la realidad sobre todo si uno emprende en solitario. Pero a partir de que el negocio ya está verdaderamente en marcha, es fundamental marcarse un horario semanal de trabajo. Y cumplirlo. Ponerte un horario te ayudará a aprovechar más el tiempo y a tener mejor calidad de vida.
  2. Descansa bien. Trabajamos mucho con nuestro cuerpo, por lo que el descanso es fundamental. Dormir ocho horas por la noche puede marcar la diferencia. Este año compré dos hamacas para que en verano después de comer pudiéramos, Jorge -mi empleado- y yo, tumbarnos a la sombra a descansar mínimo 40 minutos. Esto te permite recargar pilas de forma increíble. Ha sido una de las mejores decisiones de compra de 2020, así de claro.
  3. Planifica las tareas para mañana. Antes de terminar de trabajar, dedica los últimos 10 minutos cada día a escribir las tareas del día siguiente. Este hábito también es transformador. De este modo evitarás estar en casa, durante la cena en familia o haciendo otras cosas, pensando en cómo organizarte bien para el día siguiente. Podrás desconectar.
  4. Un día libre a la semana, al menos. Decía Eliot Coleman, pionero de la agricultura ecológica moderna en Estados Unidos, en su célebre libro The New Organic Grower, que no importa cuánto trabajo creas que tienes que hacer, deja un día libre de huerta a la semana. FUNDAMENTAL.
  5. Un mes de vacaciones al año, como mínimo. Y según Jean Martin Fortier, un mes es poco tiempo de descanso. Y creo que tiene razón. Nuestro trabajo es exigente física y mentalmente. Alejarte de la huerta durante unas cuantas semanas al año no sólo te recarga las pilas sino que te permite tomar esa perspectiva tan necesaria sobre tu actividad.

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