Sin orden no hay resultados. Desde el primer día el orden debe ser prioritario para ti. Una huerta comercial no puede permitirse el lujo, como ningún otro negocio, de tener las herramientas y demás enseres en cualquier lugar. Una organización eficiente es el primer objetivo que debes perseguir, antes de sembrar.

¿Puede el orden ser tan importante?

En un post anterior comentaba cuán formativa puede ser la experiencia de vivir como aprendiz durante un tiempo un proyecto agrario desde dentro. Pero no siempre lo edificante o educativo es ver lo que está bien hecho. A veces ver algo que está claramente mal puede acabar siendo una gran lección.

Recuerdo una explotación agrícola donde estuve un tiempo trabajando, en la que el desorden era tan alucinante, que recuerdo en una ocasión no haber podido atar unos sacos de patatas para entregar a unos clientes importantes, porque simplemente no encontrábamos el rollo de cuerda. Y tras buscar durante muchos minutos, acabamos teniendo que atarlos con retazos de no sé que cosa. Y cosas así eran diarias.

El taller, por ejemplo, se componía de una montaña informe de herramientas sobre una mesa, salpicadas de clavos, teflón y trozos de cuerda. Cuando necesitabas alguna herramienta pequeña, tenías que esforzarte a fondo para encontrarla, si es que la encontrabas. Y lo que era el taller, era el área post cosecha, que aparte de su desorden, no tenía ningún diseño práctico. Y fuera del área post cosecha, había pilas de materiales que ya no se usaban amontonados por cualquier lado de la finca. Y todo esto, claro está, dificultaba y de qué manera el día a día. El dueño, que era el agricultor principal, no parecía percatarse de que el alto nivel de estrés que manejaba -yo me convencí pronto- tenía seguramente mucho que ver con la obstaculizadora desorganización de su negocio.

El desorden es un gasto

Aquella experiencia, aunque en el momento me molestó vivirla, luego me sirvió mucho. Cuando comencé esta huerta orgánica comercial, en 2018, lo primero que hice es el diseño del área post cosecha, y la organización de mi oficina-taller-almacén. Asigné un lugar para cada cosa y me impuse la siguiente disciplina: cada vez que use cualquier herramienta la devuelvo a su lugar. ¿Obvio, verdad? Pues sospecho que muchos negocios agrícolas cojean de esta pata. Me dije a mí mismo que no perdería el tiempo buscando herramientas ni sorteando montañas de basura. Y es que el desorden puede suponer para tu negocio un tremendo gasto. Gasto de tiempo, gasto de energía, gasto de dinero.

Gasto de tiempo

  • Cada vez que dedicas tiempo a buscar algo que no recuerdas donde lo pusiste, estás perdiendo el tiempo. Y si te sucede frecuentemente, porque no has asignado un lugar para cada cosa, entonces estás perdiendo mucho tiempo que podrías emplear en: sembrar, cosechar, vender, leer, estar con tu familia… sí, el tiempo que pierdes buscando cosas podría ser mucho mejor empleado.

Gasto de energía

  • No sólo estás perdiendo el tiempo buscando cosas porque no has dado importancia al orden, también estás gastando energía física y mental (nos ponemos bastante nerviosos cuando no encontramos algo). Eso te perjudica poco si es casual. Pero si es frecuente, el perjuicio, aunque uno no se dé cuenta, es importante.

Gasto de dinero

  • Comprarás cosas que no necesitabas por el simple hecho de no recordar dónde las dejaste. Dejarás de vender un producto porque tuviste que buscar algo durante horas y no te dio tiempo. Emplearás mucho tiempo a cosas que no suponen un avance en tu negocio, y por tanto estarás dejando de tener ingresos. Y así podríamos continuar largamente.

La magia del orden en tu huerta comercial

Una vez que comprendemos que el desorden puede suponer un tremendo gasto en nuestro negocio (recordamos que no hay que ver el gasto sólo en términos económicos, que también), pongamos orden.

Todas las cosas que no se utilicen y no se vayan a utilizar deben ser tiradas al punto limpio. O si son vendibles, véndelas. Pero tampoco puedes perder mucho tiempo tratando de vender cada cosita. Se trata aquí de ser eficientes con nuestro tiempo. Tendemos a quedarnos cosas «por si acaso» y eso es un error. Por si acaso utilizas esto o lo otro, acabas amontonando un montón de cosas que no necesitas. Desprenderse de cosas no solamente despeja los espacios, lo que permite ver con más claridad, sino que despeja la mente, lo que ayuda a pensar con mayor claridad también.

Las cosas que realmente utilizas (que no deberían ser muchas), tienen que tener su lugar definido. En una pared, por ejemplo, cuelga tus herramientas de trabajo en la huerta; en otra, las herramientas de taller. En unas estanterías puedes colocar, con sus etiquetas, cajas con diferentes tipos de semillas. Y así.

El orden que escojas debe ser práctico, es decir, fácil. Nunca deberías tener las cosas de uso frecuente colocadas de tal manera que para coger algo tengas que saltar o sortear otra que está delante, a no ser que sea una herramienta de uso menor que está en segunda o tercera línea. Las cosas más accesibles, las que están más a mano, deben ser aquellas que usamos diariamente. Y aquellas cosas de uso menos frecuente, deberían estar en segunda línea. Y así sucesivamente. Cada persona que trabaje contigo debe saber que cosa que se utiliza, cosa que debe volver a su lugar concreto. Esta disciplina puede ahorrarte mucho tiempo, energía y dinero.

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