Hace unos pocos días hacía una reflexión en mi cuenta de Instagram acerca de la necesidad o no de certificación ecológica cuando producimos alimentos en ecológico para su venta. Y hubo bastante revuelo. Hoy voy a explicarte lo que yo creo que es importante que sepas acerca de esta cuestión. Como siempre, esta es mi experiencia y mi opinión nace siempre de ella.

Greenwashing

Desde hace años los términos bio, biológico, eco, ecológico, natural, etc., han sido muy codiciados por las distintas empresas y productores de alimentos (y también en otras industrias, desde automoción a cosmética). Los consumidores ya son conscientes de que en un planeta finito las políticas empresariales de crecimiento infinito, de despilfarro y maltrato de los ecosistemas, deben acabarse cuanto antes. Por eso el consumidor busca productos de menor impacto para nuestro mundo, productos más «ecológicos». Así las cosas, las empresas del sector (que lógicamente buscan tener mayores beneficios) emplean los términos «eco friendly» con justificación algunas veces y sin ninguna justificación, es decir engañando –greenwashing-, otras muchas veces, para así llegar al corazón de los consumidores y que compren con menores reticencias ecológicas.

¿Cómo se puede regular esto? ¿Todo vale en marketing? Afortunadamente no vale todo. Por ello, para diferenciar el grano de la paja, surge la certificación ecológica. El planteamiento es sencillo: para producir alimentos en ecológico no se pueden echar venenos en forma de herbicidas, fungicidas, insecticidas o de otra índole, que han demostrado tener efectos muy adversos sobre los ecosistemas y las personas. Se permiten ciertas sustancias «plaguicidas» , como puede ser el azufre o el cobre, en ciertas dosis, por considerarse remedios menos nocivos que los prohibidos. Tampoco se pueden echar abonos de síntesis como el famoso Nitrofoska, y en su lugar se deben emplean enmiendas orgánicas como estiércol o compost, y no sobrepasar tampoco con estos productos ciertas cantidades. A la hora de sembrar tampoco todo vale. Las semillas modificadas genéticamente no están permitidas en agricultura ecológica, ni tampoco aquellas que han recibido un tratamiento químico.

Periodo en conversión y control de la certificadora

En España, si un agricultor en convencional (al que nadie le dice si tiene que echar esto o lo otro en sus campos) decide certificarse en ecológico, entonces deberá entrar en un período en conversión. Este período durará varios años y el agricultor ya se compromete desde ese mismo instante a no emplear productos de síntesis no permitidos en agricultura ecológica ni a emplear otras prácticas perseguidas, como usar OMG. Pasados estos dos o tres años (depende del cultivo y otros factores, pueden ser más años), el agricultor obtiene la certificación ecológica. Desde el inicio del proceso de certificación, los agricultores reciben inspecciones periódicas por parte del organismo competente (en Madrid por ejemplo es el CAEM), con objeto de comprobar que se están llevando a cabo únicamente prácticas agrícolas permitidas por la regulación. El agricultor debe llevar al día un cuaderno de campo donde debe registrar su actividad (siembras, cosechas, labores culturales, origen de las semillas y plantel usado, origen del compost o estiércol y cantidades empleadas, etc.), y este cuaderno también será inspeccionado por el inspector correspondiente, amén de facturas de semillas usadas, insumos, etc., y otros análisis que crea oportunos (por ejemplo, sacar zanahorias de la tierra y llevarlas al laboratorio para ver si hay presencia de sustancias prohibidas).

¿Es importante certificarse? ¿Es necesario?

Producir en ecológico es una cosa y certificarse en ecológico es otra. Antes de crear la marca El Sembrador y de cultivar para la venta de forma profesional, trabajé como aficionado en la huerta de mi amigo ya fallecido Boni. Él me sacaba sesenta años y me enseñó a cultivar de todo en su recoleta huerta de Cobeña, en Madrid. Yo sacaba todo el tiempo que me dejaba mi ocupación de psicólogo, que era bastante, para trabajar mano a mano con Boni. Cultivamos de todo desde 2009 hasta 2015, sin usar químico alguno. Algunas veces vendía yo verduras a mis vecinos, pues producíamos muchísimo. Y lo que vendía eran productos ecológicos, está claro, pero sin ninguna certificación.

Si yo hubiese querido por aquel entonces vender a tiendas de productos ecológicos, entonces sí tendría que haberme certificado, puesto que me exigirían tener el sello que avale que mis prácticas están controladas por el organismo regulador (el CAEM en este caso). También hubiera tenido que certificarme si hubiera promocionado mis productos como ecológicos etiquetándolos como tal, pues el uso de la palabra ecológico, biológico, orgánico, está permitido en este caso solamente para los productores certificados.

Si pudieras vender a tus vecinos u otros consumidores que confían en que tu producto es ecológico, sin necesidad de que les muestres el sello correspondiente, entonces podrías hacerlo. Y si vendiendo de esta forma los números te dan, entonces no necesitas certificarte. Hablamos siempre de una práctica honesta, claro, y entiendo que si estás leyendo esto es porque te importa producir de forma sana. En mi caso, estoy certificado por varios motivos: primero porque mi clientela va a comprar a tiendas «bio» en las que me interesa por consiguiente tener mis productos (y me exigen certificación); segundo porque puedo vender a mejores precios mis productos, y tercero porque también me parece importante formar parte de la comunidad de certificados en ecológico, pues yo consumo también casi todo mi carro de compra semanal certificado en ecológico.

La certificación es muy mejorable, desde luego. Pero es lo mejor que hay a día de hoy para separar el grano de la paja. Mi recomendación es que te certifiques si crees que haciéndolo vas a poder llegar a más gente y avanzar con tu negocio. En España lo veo bastante necesario (aunque no imprescindible) pues me parece que vas a mover mejor tus productos con un sello ecológico que avale tus buenas prácticas. Curtis Stone, por ejemplo, adalid del market agrdening en Norteamérica, nunca certificó su market garden Green City Acres, pues sus vecinos que eran sus clientes sabían que lo que hacía era orgánico aún sin tener su sello correspondiente, y a él eso le bastó durante diez años para llevar adelante una de las huertas más exitosas de los últimos tiempos.

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