Horizontes del suelo, la rizosfera y la agricultura (regenerativa o no)

De agricultura convencional a agricultura regenerativa

En el complejo ecosistema del suelo, los microbios desempeñan un papel fundamental. Fundamental en la fertilidad de la tierra y en la salud de las plantas. En este artículo, exploraremos la importancia de la rizosfera, de los microorganismos en los horizontes del suelo y su influencia sobre la agricultura, usando como referencia el libro de Gabe Brown que se titula Dirt to Soil, y que es el viaje de una familia hacia la agricultura regenerativa.

Imagínate un gran rancho en las inmensas llanuras de Dakota del Norte. Ha sido cultivado durante decenios con trigo, avena y cebada, a base de pesados y repetitivos arados y a base de pesticidas y fertilizantes sintéticos. Son 1000 hectáreas. De pronto, el que compra la finca, Gabe Brown y familia, sufre cuatro años de desastres meteorológicos consecutivos. Cuatro años de pérdidas totales de las cosechas ponen a los dueños de la finca con un pie en la bancarrota. Gabe Brown, en lugar de hundirse, recuerda una frase que escuchó a una persona en una conferencia agrícola, frase que no olvidaría jamás: “si quieres hacer pequeños cambios, cambia la forma en la que haces las cosas; si quieres hacer grandes cambios, cambia la forma en la que ves las cosas”.

Brown había aceptado la degradación de sus tierras como algo normal. Tierra con una bajísima capacidad de retención de agua, con bajísimos niveles de materia orgánica, era visto en su entorno como lo normal. Pero el espíritu de inconformismo y la vocación de este agricultor por mejorar las cosas le permitió comenzar a ver las cosas de forma diferente. ¿Por qué sostenibilidad? ¿Quién demonios quiere sostener la degradación? Mucho mejor es la regeneración.

Este es un libro fascinante que te animo a leer, y que vas a encontrar también resumido capítulo por capítulo, y en español, en la comunidad de huerta Manos de Campo. En este artículo voy a recoger un apartado de este libro, dedicado a la rizosfera, que es la espina dorsal de la agricultura regenerativa.

Horizonte A – Alta actividad biológica:

La capa superficial del suelo, llamado por los hombres de ciencia horizonte A, con una profundidad de 5 a 45 cm o más, alberga una gran diversidad de vida, como bacterias, hongos, protozoos, nematodos y lombrices de tierra. Aquí es donde gran parte del carbono líquido que exudan las raíces de las plantas se acumula. Los microbios utilizan parte de la energía de ese carbono líquido para liberar y transferir nutrientes a las plantas, en un intercambio, y otra parte del carbono líquido es usado para crear compuestos de carbono estables esenciales en la formación de la capa superficial del suelo: el humus.

Horizonte B – Menor actividad biológica y más minerales:

Descendiendo más profundamente, encontramos el horizonte B, también llamado subsuelo, compuesto principalmente por minerales y menos carbono orgánico y actividad biológica también menor, comparado con el horizonte A. Sin embargo, a medida que las raíces penetran en el subsuelo, los microorganismos acompañan su presencia, y por ende se convierte aquí el subsuelo en una prolongación del horizonte A, del suelo fértil.

Horizonte C – Roca base para la formación del suelo:

El horizonte C, compuesto por roca y minerales que no han sido descompuestos en partículas menores por medio de agentes erosivos, proporciona la base para los horizontes superiores.

Erosión del suelo, rizosfera y regeneración:

Cuando hablamos de que las tierras están siendo erosionadas —la peor enfermedad de la tierra, que decía Albert Howard— y de que la capa fértil del suelo está siendo lavada y conducida al mar, desnudando el suelo de su parte más biológica, estamos hablando del horizonte A. Una tierra degradada presenta esa desnudez donde en la capa superior encontramos el horizonte B, pues el A ha desaparecido. Tenemos entonces que trabajar con ese suelo (que es subsuelo al descubierto) para reconvertirlo en horizonte A, es decir, en suelo fértil. Para conseguir esto, son las raíces de las plantas el elemento transformador esencial que puede lograrlo, junto con la actividad asociada de los microorganismos.

Gabe Brown explica de forma simple algo de extraordinaria importancia: La interfaz o frontera suelo-raíz se denomina rizosfera, término acuñado a principios del siglo XX por Lorenz Hiltner, un pionero científico del suelo alemán que estudió los efectos de los microbios beneficiosos en la salud y nutrición de las plantas. La rizosfera es la zona que rodea la raíz por todos sus lados, con tan solo unos milímetros de espesor y donde se concentra gran actividad biológica. Hiltner descubrió que los suelos con alta densidad de microbios proporcionaban importantes beneficios a las plantas en comparación con aquellos con menor vida microbiana, desafiando la creencia predominante de que un buen microbio era aquel que estaba muerto (Dirt to soil, pp.46-47).

¿Tiene sentido hablar de huerta regenerativa?

En mi opinión, el que hoy se hable mucho de huerta regenerativa responde más a la popularidad que está alcanzando el término regenerativo que a otra cosa. Una horticultura orgánica, que alimente el suelo con abundante compost, que elabore compost con todos sus desechos (y algunos ajenos), que mantenga vegetación enraizando durante la mayor parte del tiempo posible, es una horticultura orgánica en mayúsculas, que por supuesto conserva ese horizonte A.

Me gusta el término huerta orgánica y aunque tampoco soy amante de las etiquetas, si tuviera que elegir una para la huerta que practico, seguramente sería esta. Y es que la mayor degradación agraria, esa vastísima pérdida del horizonte A, se ha producido en las grandes extensiones monocultivadas, con mayores agresiones agroquímicas y del arado. Ahí es donde, a mi juicio, cuando las prácticas pretenden revertir la situación, más se justifica hablar de agricultura regenerativa, pues verdaderamente está regenerando ese suelo fértil perdido (además de regenerar la salud del ecosistema, de las personas que lo trabajan y de la gente y animales que se alimentan de ahí).

La agricultura ecológica, dice Joel Salatin, se ha convertido en un listado de síes y noes, y presenta a menudo una lógica similar a la agricultura convencional. Eso es porque la reglamentación que rige los sellos de certificación ecológica, supone más bien sustituir unos insumos por otros, pero no tanto aborda el trabajo físico que se ejerce sobre el suelo, que también puede ser altamente destructivo. Pero no importa tanto el nombre que le pongas a tu forma de hacer agricultura.

Tal vez lo mejor sea hablar menos de etiquetas (bio, eco, orgánico, regenerativo…) y más de prácticas concretas.

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