La gran asignatura pendiente de la agricultura (¡ecológica y convencional!) es el plástico. La agricultura es tremendamente dependiente del plástico: plástico para invernadero, mallas anti-insectos, mallas anti-hierbas, mallas de sombreo, mantas térmicas, acolchados plásticos y plástico para envasar los productos cosechados, entre otros. Y ya sabemos cuántos residuos de plástico -contados por millones de toneladas- acaban emponzoñando nuestros entornos naturales. Pero, ¿hay alternativa?

Si alguna vez has pasado por un vivero abandonado, habrás visto que la ingente cantidad de residuos plásticos es pasmosa. Planchas de fibra de vidrio resquebrajadas y diseminadas por los campos inmediatos; jirones de mallas colgando de los arcos desvencijados del esqueleto de los invernaderos que todavía se mantienen de pie; mallas anti hierbas semienterradas, plásticos revoloteando como enormes mariposas sintéticas.

¿Por qué el plástico es tan dañino?

Cuando estuve en Roebuck Farm, Nueva Zelanda, entre 2018 y 2019, pude hacer alguna escapadita en bici por los alrededores. Aprovechaba los domingos, y algún sábado, pues el resto del tiempo estaba trabajando en la finca. En uno de esos paseos de fin de semana, donde sobre todo exploraba el litoral -ya que Roeback Farm está a tan sólo 5 km de la costa- recuerdo haberme parado a leer un cartel informativo sobre la fauna marina del lugar. En concreto leí que en esas aguas habitaba el delfín más pequeño del mundo, el Cephalorhynchus hectori o delfín de cabeza blanca. Es un hermoso delfín que puede medir entre 1,20 y 1,60 m, y de entre 40-60 kg de peso, y de una gran belleza como toda la gran familia de los cetáceos. Esta especie es endémica de Nueva Zelanda y está en grave peligro de extinción.

Lo que leí en ese cartel me dejó atónito: una de las mayores amenazas a la supervivencia de este inteligentísimo animal es la presencia de plástico en los mares. Los delfines, al igual que otros animales marinos, confunden los plásticos con presas, lo que provoca no solamente la indigestión sino la muerte de quién sabe qué número de animales cada día. Por supuesto que esto es lo más visible, quizá lo más dramático de primeras, pero no es lo único.

Los plásticos se van rompiendo en pequeños trozos, a medida que los elementos naturales como el sol o el agua del mar actúan sobre ellos. Estos plásticos que se van rompiendo son cada vez más y más pequeños, debido a esa fragmentación continuada. Esto hace que los mares ya cuenten con un universo de microplásticos, como si fuese plancton, que acaba en los tejidos de innumerables animales. Que luego también ingerimos nosotros.

Debemos desconfiar también de los llamados plásticos oxobiodegradables, pues en realidad son plásticos que se degradan más rápido pero que acaban siendo microplásticos. Y es que el plástico no es biodegradable. Tarda siglos en desaparecer, literalmente.

¿Por dónde empezar?

En mi opinión, lo primero que debemos tener claro es qué plásticos pueden ser evitados o cuáles, a día de hoy, son bastante inevitables. Los inevitables siguen siendo los plásticos de cubierta de invernadero. No existen materiales no sintéticos que tengan -por el momento- la capacidad de resistencia que requiere un plástico de invernadero. Un plástico de invernadero deberá estar en su lugar al menos tres años. Eso son 1000 días de exposición a la intemperie, como mínimo. Y debe estar ese tiempo sin rajarse. Existen materiales naturales en el mercado para hacer minitúneles o pequeños invernaderos caseros. Los he probado y de momento su resistencia no es superior a unos pocos meses, lo que unido a su elevado coste los hacen poco realistas para producción comercial. Para un huerto familiar, no obstante, puede servir perfectamente.

Por otro lado ya existe una industria creciente para fabricar bioplásticos para agricultura. Son muchas explotaciones agrarias que utilizan film plástico para acolchar sus caballones de lechugas, tomates, fresas… Una vez terminada la temporada de cultivo, los plásticos se retiran a duras penas, y mucha cantidad acaba desperdigada por el campo; la que se consigue llevar a los centros de residuos es poco reciclable dado su suciedad, por lo que acaban en el vertedero muchos millones de toneladas cada año. La idea del biomulch es que los agrofilms puedan incorporarse al suelo por estar fabricados a partir de polímeros vegetales, evitando así esa tremenda polución ocasionada por la plasticultura. Creo que esa es una gran línea de investigación.

Hay un tipo de plástico que se usa mucho, muchísimo, y que además su vida útil (porque acaba muchas veces en la basura antes de tiempo) es muy corta, a diferencia del plástico de invernadero. Hablo de las bolsas de plástico y otros envases para alimentación. Ya es posible encontrar en el mercado opciones de envasado que sean 100% biodegradables y compostables.

En España tenemos Ecoologic en Barcelona y Envaseko en Navarra, dos empresas que ofrecen una amplia gama de envases compostables para alimentación, fabricados a partir de polímeros vegetales, Sí, es más caro envasar sin plástico, pero el sobrecoste merece la pena. Muchos de tus clientes estarían dispuestos a pagar un poco más por un producto más ecológico, donde se atiende desde la semilla hasta el envase.

El primer paso

Habría que preguntarse de dónde procede el maíz con el que se fabrican las bolsas y tarrinas compostables. ¿Es un maíz orgánico? Es muy probable que de momento, y dado que el mercado es muy incipiente, no sea así. Más probable que los fabricantes chinos (que también son los que están fabricando estos envases ahora) cuenten con materia prima barata, dado que el producto de por sí va a ser más caro que el plástico derivado del petróleo. Se empleará probablemente maíz transgénico que se cultiva en EEUU o en otros lugares donde se cultiva a grandísima escala este cereal (sobre todo para alimentación animal). Y ese maíz que cubre millones de hectáreas es transgénico. Y aquí podríamos analizar dos cosas: el daño medioambiental de los monocultivos, y el daño de las prácticas agrícolas asociadas a la transgenia.

Pero analizar esto nos llevaría por derroteros que bien podrían ocupar un libro entero y exceden los propósitos de este post. Baste decir por ahora que aunque las opciones de envasado biodegradable no son ideales a fecha de hoy, creo que son un gran paso. Seguramente, si la demanda continúa creciendo, irá emergiendo otro tipo de producción agraria, mucho más sostenible y acorde a las demandas de la gente, que decida involucrarse en la industria del envasado (como ya está sucediendo con el bioplástico para acolchado). La eliminación del plástico de los océanos (que sobre todo procede de envases de comida) debe tener un punto de partida, que aunque no sea ideal, nos permita seguir avanzando hacia el ideal.

La gestión del plástico

Los plásticos de invernadero a día de hoy son inevitables si se quiere cultivar durante los meses fríos y/o con ambientes más controlables. Esa es la realidad de la producción global de alimentos. Hay pocas explotaciones agrícolas para tantísimos millones de personas a las que alimentar. Es comprensible que se persiga la optimización del espacio, del tiempo y de los recursos. No obstante, ¿qué sucede con toda esa ingente cantidad de plástico que requieren las grandes explotaciones, una vez terminada su vida útil? Habrá quien gestione esos recursos mejor y quien lo haga peor, o quien no lo haga en absoluto.

En mi huerta, donde contamos con un túnel de oruga y un minitúnel con cubierta de plástico, todavía no he tenido que reemplazar sus plásticos, pero sí mantengo una política de gestión de residuos de este tipo bastante sólida. Una vez cada 4-5 meses hacemos una limpia absoluta de todos los espacios de la huerta donde se han podido almacenar objetos o material que ya no se usará. Todo ello se clasifica y se lleva al punto limpio. El plástico por un lado (mantas térmicas ya muy rotas por ejemplo) y el cartón por otro.

¿Minimalismo?

Mantengo una política de tener -tanto en la huerta como en mi casa- únicamente las cosas que uso, y soy poco de quedarme cosas por si acaso algún día las uso, o como adorno innecesario, etc. No sé si la palabra minimalismo describe bien este concepto pero yo creo que se entiende. Quedarse con lo necesario es no practicar una cultura del despilfarro. Y cuando hay que desprenderse de algo, que este algo no acabe en cualquier lado.

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