No existe ningún modelo agrícola que se acerque siquiera al cultivo de brotes en cuanto a potencial de productividad. Y es que los brotes son fáciles de cultivar, rápidos y tienen un alto precio en el mercado. Y por supuesto, están buenísimos. Todo esto lo aprendí bien en mi estancia de tres meses en Roebuck Farm, Nueva Zelanda. Cuando regresé a España tras esa experiencia de aprendizaje tan fabulosa, lo tuve claro: no solamente emprendería un huerto comercial, sino que dedicaría un espacio al cultivo de brotes.

¿Qué son los brotes?

Comer brotes es una forma diferente de comer semillas. La idea es que al hacer germinar una semilla y comerla en sus primeros días de vida, el sabor está muy concentrado, sus vitaminas parece ser que de alto valor y en número, y además es fácilmente digerible (cosa que no podríamos decir de, por ejemplo, una semilla de rábano). Por eso los brotes (microgreens para los anglosajones) son tan demandados por cierto público que busca alimentos especialmente saludables.

Hay dos formas de comer semillas brotadas:

1. Germinados: son semillas que se han hecho brotar en algún recipiente cerrado, sin sustrato alguno para que la raíz no enraíce en nada, y que una vez brotadas se consumen tanto lo que sería el pequeño tallo y sus incipientes hojas como su raíz. No se corta nada.

2. Brotes: las semillas germinan sobre un sustrato, como sucede en la naturaleza cuando una semilla cae al suelo. Una vez que brota, se corta al tamaño deseado, dejando la raíz enterrada y solamente aprovechando la parte aérea.

Los brotes, a diferencia de los germinados, enraízan en un sustrato (trigo sarraceno, rábano y hierba de trigo).

De cómo descubrí el barro para el cultivo de brotes

No soy muy dado a creer en la magia ni a ciertos misticismos. Pero lo que sucedió con este descubrimiento parece una de esas sincronicidades que a uno le asombran y dejan un halo de misterio. Cuando estuve en Nueva Zelanda en 2017-2018 te contaba que descubrí los microgreens o brotes. Los hacíamos en bandejas de plástico especiales para este cultivo. Pero a mí no me seducía del todo. No me agradaba que durante la corta vida de la planta, desde su nacimiento hasta su cosecha, las raíces sólo conocieran el plástico como recipiente.

mi primer contacto con los brotes en bandejas de plástico. Roebuck Farm, NZ

Fue entonces cuando me hablaron de un libro de Peter Burke, Year-Round Indoor Salad Gardening: How to Grow Nutrient-Dense, Soil-Sprouted Greens in Less Than 10 days.  Decidí comprarlo a mi regreso a España y descubrí en este gran pequeño libro una sencilla técnica de cultivo de brotes que perfectamente puedes hacer incluso dentro de casa. El autor utiliza como recipientes pequeños contenedores de aluminio, de los que también se usan en cocina para hornear lasaña, repostería y otras cosas. Tampoco el aluminio me seduce para cultivar brotes… pero contaba de pasada algo que atrajo mucho mi atención: que la cerámica podría servir.

Empecé a buscar fuentes de barro, del tipo rectangular que se usan para meter en el horno. Descubrí por internet una tienda en Madrid que tenía varios modelos. Fui para allá una tarde, y al llegar un cartel de CERRADO me dejó chafado. Había decido emplear esa tarde especialmente para hacerme con mis primeras fuentes de barro y no iba a poder ser. Me entró bastante hambre. Crucé la calle hacia el bar de enfrente y pedí una cerveza y un pincho de tortilla. Típico bar español, donde casi a cualquier hora siempre hay algo que llevarte a la boca.

Mientras comía la tortilla sentado en la barra, en la tele del bar estaban poniendo un reportaje de Madrid Directo que empecé a ojear distraídamente. Y, ¿sabes de qué iba? De los últimos alfareros de Madrid. Por poco me atraganto. En directo estaba viendo la fábrica de cerámica por dentro y tardé un minuto en encontrarla por internet dese mi teléfono. Al día siguiente estaba en la fábrica y compré mis primeras bandejas.

¿Hay mercado para los brotes?

Como para cualquier producto que queramos vender, lo primero que hay que conocer es su demanda. ¿Hay suficiente gente interesada en consumir brotes? Y esta gente interesada, ¿pagaría por los brotes? ¿cuánto estaría dispuesta a pagar? Todas estas preguntas requieren algún tipo de estudio de mercado. Lo bueno, que empezar unas pocas bandejas de brotes y ofrecerlo a mercados locales (restaurantes de la zona por ejemplo) no supone una gran inversión, todo lo contrario. Puedes empezar a tantear la demanda teniendo ya brotes en mano habiéndote gastado muy poco dinero. Dime una cosa, ¿qué cultivo puedes cosechar en una semana, sin tener tierra, sin casi espacio, y sin haber invertido casi nada de dinero?

En mi caso, aquí en Madrid, la demanda de brotes no es alta para tiendas, pero sí hay un buen mercado para restaurantes (y se venden bien en mercados de productores). Por este motivo, los brotes suponen un complemento al resto de la producción, pero debido al escasísimo espacio que ocupan las bandejas (bastante menos de 5m2!!!) merece mucho la pena seguir cultivándolos, ya que fácilmente pueden suponer un extra de 500€ al mes con relativo poco esfuerzo, tiempo y espacio. (puedes ver de cuánto espacio estamos hablando en este vídeo de mi canal de YouTube).

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